
Psicólogo Sanitario
M-39349.

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Dentro de mi forma de trabajar considero fundamental adaptar distintas herramientas psicológicas según lo que cada persona necesita. No creo en fórmulas únicas. Cada proceso terapéutico es diferente y requiere una mirada amplia, flexible y personalizada.
Y sobre todo, lo que más refuerza mi confianza en este enfoque es haberlo vivido en primera persona. Haber experimentado un cambio profundo en mi propia vida me permite hoy acompañar a otros desde un lugar de autenticidad y convicción real de que el cambio es posible.
Desde el enfoque cognitivo, trabajaremos la forma en que interpretas lo que te sucede, ya que son las interpretaciones, y pensamientos asociados a los sucesos de nuestra vida, lo que nos genera emociones muchas veces magnificadas. Identificar pensamientos automáticos, rígidos o distorsionados es clave para entender emociones como la ansiedad o la tristeza, y empezar a cambiarlas.
Aunque fundamental e imprescindible, comprender lo que nos pasa y su origen no es suficiente si no hay acción. Por eso, también trabajo desde lo conductual: modificando hábitos y comportamientos podrás experimentar en tu propia vida los beneficios del cambio. Ese cambio real es lo que hace que la terapia tenga sentido, el sentir en tus propias carnes como el realizar cambios, que al principio costaran, producen en ti una nueva perspectiva de la vida es lo que producirá en ti esa sensación de autocontrol y agencia en tu vida.
Negar esta etapa de nuestra vida, esta etapa en la que se origina nuestra autoestima, nuestra forma de vernos en la sociedad, nuestra forma de entender las relaciones, etc, es negar el origen de muchos de nuestros conflictos actuales. Por lo que ignorar esa parte de nuestra historia es como ponerse una venda. Muchos de nuestros patrones actuales tienen raíces en etapas tempranas de nuestra vida. Por eso, en terapia también miramos hacia atrás, con respeto y cuidado, para entender lo que hoy te está afectando.
Creo más en los síntomas que en las etiquetas. La misma problemática puede tener raíces distintas en cada persona. Por eso, en consulta te acompaño como el ser humano único que eres, no como un trastorno ni un diagnóstico. No me interesa encasillarte, sino comprender tu historia, tus recursos, tus heridas y tus ritmos. Para mí, lo fundamental es escucharte de verdad y adaptar la terapia a ti, no al revés.
Una de las herramientas que más confianza me da en el proceso terapéutico es mi propia experiencia personal y la de mis pacientes. He vivido en primera persona lo transformador que puede ser el cambio cuando se trabaja con constancia, humildad y confianza, al igual que lo he visto en mis pacientes.
Sé que no es un camino fácil, pero también sé que es posible. Y esa certeza me acompaña en cada sesión, porque no solo creo en el cambio: lo he sentido y lo he vivido.